“Enemiga Pública, disparos e interrogatorios” es el nombre del próximo libro de Leonor Silvestri. Autora de Games of Chron (2016) –un ensayo auto-biográfico que narra las distintas estadías de la autora por su hospitalización. Diagnosticada  de Chron -una condición autoninmune- Silvestri transforma su pasaje por este acontecimiento en un ensayo político-filosófico que busca problematizar lo que ella denomina “nuevas morales de la buena conciencia”.

El nuevo proyecto de Silvestri es una compilación de entrevistas, ensayos y publicaciones de variadas temáticas. Particularmente crítica a los distintos colores del feminismo, la autora trata de hacer preguntas perturbadoras sobre lo qué pasa con las formas y las contradicciones del movimiento de mujeres y también con las formas en las cuales vive la sociedad, piensa y goza. Utilizando lo que llama de “desautomatización de la percepción”, Silvestre invita a lxs lectorxs al cuestionamiento profundo de sus formas, vínculos y performances políticas. Los textos ácidos, reflexivos y convocantes prometen un viaje al ahora, sin escalas.

La presentación de “Enemiga Púbica, disparos e interrogatorios” será el próximo 16 de septiembre, a las 21hs en Avalón Casa Cultural – Pringles 551.

Extracto de Enemiga Pública, disparos e interrogatorios, entrevista de Sandra Estragues Herrera.

¿Cuál crees que es el motivo de que el feminismo igualitario sea el mayoritario? ¿Crees que hay espacio y campo de acción para que el feminismo de corte anarquista , minoritario en cuanto a número, haga superar la contradicción implícita del feminismo igualitario que insiste en apelar al estado que es el mismo ejecutor de esta opre­sión que vivimos las asignadas biopolíticamente mujeres?

 -En principio porque es más fácil, demanda menos. Asimis­mo, la noción de la igualdad como un baluarte a defender esta completamente instalada en nuestra sociedad desde la revolución burguesa en Francia. No creo en el feminismo anarquista, como tampoco creo en el feminismo marxista. Creo que hay feministas con prácticas anarquistas y puesto que el anarquismo es un sistema múltiple no dogmático ético-económico, sus usuarias feministas se ven alegremente complementadas en sus prácticas. Pero todas los sistemas positivo-contractualistas del siglo XIX no son histórica e inherentemente feministas. Lo que suele llamarse anarco-femi­nismo y sus variantes como lo anarco-queer en algún punto y sin apelar al estado también apela a la horizontalidad, es que la versión políticamente correcta de la igualdad. Es menester dejar de apelar al estado principalmente porque se está cayendo a pedazos y son solo la pantalla de un gobierno global que los tiene de marionetas.

Pero sinceramente no creo ni en la igualdad ni en la horizontali­dad, tampoco creo que de las asimetrías se derive necesariamente un ejercicio de la dominación o que el poder sea una sola cosa que se toma con la mano, en vez de un haz de relaciones, siempre maligno, en vez de una potencia creadora. Siento que el problema tiene que ver con los dispositivos que permiten que de esa asime­tría, incluso vital para casi cualquier proceso, se derive un código de reglas arbitrarias y dogmáticas y unas jerarquías irreductibles.

La historia nos muestra cómo el capitalismo engulle y devuelve desprovisto de esencia cualquier movimiento de resistencia, en las múltiples formas que pueda darse, y que se ha producido a lo largo del devenir mayoritario de los movimientos sociales, en ese sentido, ¿cuáles son los márgenes de acción que crees que nos quedan, qué acciones podemos llevar a cabo? ¿Consideras que queda reducido a un ejercicio individual práctico y ético?

 – Habría que preguntarse si más que engullir el capitalismo no construye algunos de sus movimientos, en el sentido de “el truco más ingenioso del sistema” de Ted Kazinsky. Lo cierto es que lo único invariable es el cambio y de ahí la necesidad del nomadismo porque lo quieto se estanca y no hay nada, por radical que sea, que no cristalice. Por un lado me doy cuenta que el sistema recicla el excedente angustioso de su opresión y lo canaliza en formas de de­seo de rebeldía que una puede adquirir en la góndola de los deseos activistas, artivistas, o militontos, formas aceptables de la política que incluso hacen de ese bug/angustia una mejora para el mismo sistema. Por otro lado, creo que el individuo es una de las grandes trampas contractualistas. No nos creo individuos, sino en el senti­do más spinoziano del término, modos del ser, conectados por un orden geométrico sensorial y material de afectaciones que pueden, o no, incrementar nuestras potencias. Creo en volver a rehilarnos con todo lo que existe, no sin conflicto. Pero estoy segura que el in­dividuo es la plataforma en la cual encarna un sujeto en el sentido anfibológico del término.

La opresión y explotación que genera el capitalismo en nuestro cuerpos, desde sus estructuras e instituciones coercitivas, la familia, la escuela, el trabajo, son más evidentes y opresivas para los grupos menos privilegiados. Si ser mujer blanca en Europa no es lo mismo que ser negra, sudamericana o gitana, si el discurso de la sororidad que se enarbola sin tregua , no tiene siempre una traducción prácti­ca real más allá de la palabra misma ¿cual crees que es el ejercicio más efectivo para las llamadas minorías, al que pueden recurrir para resistir a esta opresión doble por ser mujer y por no pertenecer a las clases privilegiadas y ni tan siquiera a su feminismo?

-Esa afirmación no me consta. De hecho, no me parece efecti­va para pensarse. ¿Cuál sería el elemento medidor para ganar las olimpíadas de opresión? Al margen que surgirían toda una serie de delirios poco deseables tales como distinciones entre grados de pro­cesos de racialización (ser africana vs. ser afrodescendiente “pura” o “mulata”). Un espanto. Creo que las sociedades que acumularon capital en los orígenes con la conquista de ciertas regiones y que hoy llamamos países desarrollados, además de tener vastas zonas de pobreza al peor nivel de cualquier otro lugar, cuenta con una ma­quinaria sofisticada de represión e ingeniería social que convierte a los vivos en zombies. No estoy diciendo ni que las opresiones sean las mismas ni mayores, solo que me niego a ver lo que el privilegio llama carencia como impotencia. Por ejemplo, en Europa las co­rrientes migratorias ilegalizadas por los estados nazionales arman sus propias comunidades de resistencia y apoyo mutuo, cosa im­pensable en las capas medias legales que luego no pueden resistir un desahucio y no cuentan mas que con el apoyo de sus lazos san­guíneos, que ya sabemos que mal funcionan. Me niego también a ser yo la encargada, como tantas descoloniales hacen, de pen­sar qué deberían hacer las así llamadas minorías. ¿Qué minorías? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Frente a qué coyuntura? Y aquí surge lo que yo denomino la paradoja ateniense en referencia a la situación de las mujeres en la Atenas del siglo V a.C. Aquellas que gozaban de protección por parte de la polis y eran consideradas ciudadanas , carecían por completo de ningún tipo de libertad individual -desde trabajar hasta estar con otras mujeres fuera de un espacio específico de su hogar, denominado gineceo-, no sabemos ni sus nombres, porque nadie fuera de su clan podía nombrarlas; en cambio, las extranjeras, las no ciudadanas, iban y venía, intrigaban, podían tra­bajar como hetairas, participaban de los banquetes y conocemos su influencia por ejemplo el caso de Aspacia de Mileto, concubina de Pericles. Pero coincido con vos en que el feminismo que masifica y engloba todo bajo un mismo halo que no resuelve ni contempla las coyunturas de mujeres no heterosexuales, blancas, europeizadas, occidentalizadas y capacitistas no es muy diferente que el patriar­cado, a veces, creo que es peor porque del patriarcado sabemos qué es realmente.

La educación que hemos recibido las mujeres en cuanto al uso de la violencia, y el ideal físico en el que nos adoctrinan, dista de la fuerza y el cuerpo resistente , y no nos enseña a defendernos en las situaciones de violencia constante a las que nos exponemos. ¿Cual crees que es la causa de que no se potencie desde todos los espacios feministas el ejercicio de la autodefensa para mujeres y se siga recha­zando el uso de la violencia por nuestra parte?

-Como nos enseñó Monique Wittig, en realidad “la mujer” es un artefacto político solidario del régimen colonial llamado heterose­xualidad; régimen cuya norma veo completamente estimulada por el capitalismo. Lo primero que sería menester empezar a conside­rar para poder defenderse de una manera efectiva es dejar de ser “mujer” (ese artefacto político construido para y por un régimen de opresión) para poder precipitar devenires “mujer”, por ejemplo un devenir “Assata Shakur”, un devenir “Valerie Solanas”, un deve­nir “Ayleen Wournos” (muchas sino todas ellas malas víctimas no consideradas hasta recientemente dentro del imaginario feminista por ser criminales). “La mujer”, como construcción política de ese régimen, como reverso complementario de esa otra construcción llamada varón, como su “otro” irreductible, está hecha para ser pa­siva, bondadosa, tierna, dulce, buena, clemente, consentidora de su propia opresión, exculpadora, comprensiva, buena onda, buena gente, víctima abnegada que espera que la justicia le dé la razón o haga algo por ella. Todas estas características nos dan no solo pun­tos en la escala de la existencia social, es decir, finalmente entidad, sino también gozan de una buena propaganda es decir, están retó­ricamente poetizadas y romantizadas. Antes de aprender cualquier tipo de deporte de combate y arte marcial, o manejo de armas, o en paralelo, es necesario deshacerse de todas estas característi­cas como esencias propias e ineludibles de nuestros destinos; de lo contrario, no seremos capaz de utilizar nuestros conocimientos de­fensivos. Es menester, asimismo, alejarse de las personas que gozan de los privilegios de ser la variable mayor del par opositivo “varón/mujer” y te piden ternuridad o que les expliques, o paciencia. En­tonces, por un lado, esta ese axioma de Simone de Beauvoir, “el opresor no sería tan fuerte sin la complicidad del oprimido”; por el otro, Judith Butler en sus mecanismos psíquicos del poder y la idea de que se aceptamos deseosamente nuestro propio sometimiento si garantiza inteligibilidad social; y como ya hablamos, Wittig y la idea de que esto que somos está construido materialmente para ni siquiera poder desear reapropiarnos de algo de lo que se nos expropió: la capacidad de reacción. Llevó siglos, conquistas, sangre y sudor, como explica Federici en Calibán y la Bruja construir esta subjetividad contemporizadora y este feminismo que cree que se dialoga con el enemigo, que confunde la respuesta (agresiva) de la oprimida con la violencia del opresor/opresión. En lo que no coin­cido es que deba ser solamente el feminismo quien lleve adelante la tarea de empoderarnos físicamente para responder a los ataques. En todos lados hay alianzas, y las alianzas, ya nos explico Haraway no son impolutas e inmaculadas, son más bien incómodas, efíme­ras, inciertas, inestables, como la vida misma. Por ende, es tarea de todas y cada una, y de quien quiera ponérselo al hombro, sepa o no de feminismo, se defina o no como feminista, enseñar y aprender a luchar físicamente. No creo en espacios feministas impartiendo defensa personal feminista. Creo en las feministas enseñando artes marciales y deportes de combate. Creo en los tatamis donde no se subestima a las mujeres, donde no se dice maricón cuando se quie­re decir flojo o haragán. Se puede aprender tanto feminismo en un tatami no feminista o en un ring de box para la aplicación práctica de la vida que un centro social feminista. Creo en que en un mo­mento, aunque una sepa que no va a ser la campeona mundial de nada, se pone a hacer flexiones de brazos, y creo en alguien que está al lado tuyo, no dejándote parar cuando pararías por pereza, cansancio, apatía o descreimiento de tus propias capacidades, pese a que esa persona sepa que no vas a ser la brillante campeona de su gimnasio. Creo en salir a correr para ganar aire. Creo en que una es lo que hace con lo que hicieron de una. En este punto me da igual, si quienes te apoyan en ese deshacer el desastre físico que nos han hecho se denominan feministas o no en tanto no subestimen ni maltraten. Me basta con que crean que voy a poder aprender lo que tienen para enseñarme. Conocí gente así y la sigo conociendo. Y agradezco el día que me dije basta de ser esta baba informe viola­ble y me convertí, ya de grande, en una deportista de combate, aún a sabiendas que no ganaría nada ni sería nadie importante en estos deportes, el día que me probé y me dejaron que me pruebe, porque sabían que tal vez iba a poder, entrenar como si fuera Ronda Rou­sey aun sin serlo jamás. No es necesario para salvarse de la muerte o para rescatarse o para ubicar a un mierda en su lugar ser Holy Holms. Solo hace falta entrenar sin excusas y perderle el miedo que nos inculcan a la violencia a la cual nos someten para que puedan quitarnos lo todo, incluida la vida.

Si la construcción de nuestros propios deseos, es algo artificial que el sistema diseña de forma perversa para perpetuar un modelo de sociedad sustentado en la opresión, ¿cómo consideras que se puede escapar de estos deseos, y, sobre todo, es posible hacer extensible este planteamiento y su traducción práctica a otras?

-Artificial no quiere decir falso. Quiere decir que es un artificio. No hay deseos naturales vs. deseos no naturales. Todo es artificio. Perversa soy yo que me gustan ciertas prácticas sexuales no hetenormales. El sistema tiene perversidad, que no es lo mismo. Digo para no estigmati­zar el fetichismo, entre otras gracias hermosas de esta vida. Me parece que Foucault tenía un punto importante cuando decía que descen­trando los placeres, intentando armar una vida afectiva e íntima que incluya placeres no sexuales y no genitales, la amistad como modo de vida, la desestigmatización del uso recreativo de ciertas sustancias, una suerte de hedonismo filosófico comunitario se podrían crear nue­vos deseos que no sabemos cuáles son a priori. En principio, descon­fiar de los deseos, de todos, incluso de esos que la corrección política de la rebeldía nos dice que son correctos (no creo, por decirte algo, que el lesbianismo sea la práctica de una teoría revolucionaria llamada feminismo, por ejemplo, que tampoco significa creer en la heterose­xualidad como algo que no sea un régimen de opresión). Creo en la experimentación de formas de placer, de todo tipo, no solo sexual, no solo genital, que incrementen nuestras potencias por fuera de los restrictivos parámetros que nos permiten. El deseo es una materia ma­nipulable, sea el sexual o el deseo de ser postdoctorada en la Sorbona. Ciertas escuelas de filosofía contaba con tecnologías de singulariza­ción de la propia vida para sustraerse de los mandatos de su época. Algunas de esas técnicas, algunos de esos mandatos perduran. Pienso que dejarse caer es lo mejor que una puede hacer, lo mismo que tal cual dijo David Bowie, se aprende más del fracaso que del éxito, al margen de que el éxito es siempre propio, frente a la fama que te la dan otros. Por eso, Daniel Melero dijo una vez “los exitosos no tenemos fans”. Le temo a los deseos de exterminio en pos de lo que está bien y lo que está mal. Y anhelo un mundo extra moral.

El capacitismo, así como el abolicionismo, como comentaste en una entrevista con motivo de la publicación de tu libro Games of Crohn, diario de una internación, sitúa a las discas y a las putas, en actos de confrontación y desobediencia, incluso sin saberlo, ¿crees que quizás las formas de resistencia con más potencialidad para ge­nerar mínimas fisuras en el sistema, no estén necesariamente en la construcción de pensamiento, en el discurso, y si al margen de estos y en prácticas disidentes?

-No existe la madre de todas las revueltas, el corazón de todas las luchas, el pilar que si una ataca y quita todo cambia y hay un ma­ñana completamente distinto al hoy. No obstante, estoy totalmente convencida de que en efecto esos actos anónimos, irreductibles tie­nen tanta o mayor potencia que esa quimera contractualista deci­monónica marxiana llamada “conciencia”. Hay quienes le dicen visitar al huésped más inquietante que vive en una, hay quienes le llaman estar hecha del elemento criminal, mientras este exista, quien sabe. Creo en el exilio de lo que el régimen propone y en la conformación de nuevos sentires existencias que no sin conflicto tal vez puedan obrar otra cosa que esta mierda que se nos coloca delante de las narices como si fuera la panacea. Por eso, si pudiera volver a hacerlo sería además de competidora de MMA o peleadora profesional de muay thai, trabajadora sexual VIP.

¿Cual crees que es el arma más potente a la que tenemos acceso para resistirnos a la opresión de la injerencia del estado en nuestros cuerpos, desde todas sus instituciones, en sus hospitales, a través de la familia, de la escuela?

-No creo que el estado tenga ya tanta injerencia como en otros tiempos. Más bien pienso que tenemos formas estatales de pensar la cotidianidad, de suponer que lo mejor es que todos los procesos habituales estén mediados estatalmente, o por formas que podría­mos llamar estado. Un ejemplo es cómo se confía en el poder ju­dicial punitivo y represivo por definición para restaurar o reparar daños o saldar cuentas, o incluso para defenderse o atacar o respon­der a una ofensa. Ya lo he dicho y me repito, no existe la madre de todas las revueltas, el corazón de la lucha por ende tampoco existe el “arma más potente para”. Me parece atroz pensar en términos marxianos encubiertos y hasta si se quiere ridículo y peligroso. Hay que aguantarse la meseta plana de baja intensidad que a veces la vida adopta como modo de no participar en este circo de animales enjaulados que llamamos vida occidental capitalista.

Dado que el activismo se ha transformado, más que en un arma efectiva, en un elemento más bien balsámico del que se beneficia el sistema para suavizar el malestar ¿dónde crees que está la clave para actuar sin caer en acciones carentes de sentido y contenido?

-Me cuesta mucho responder preguntas oraculares. Siento que colocan a quien se ve forzada a responder en un lugar de pitoniza que no beneficia a nadie. Si pudiera responder cosas como la que me preguntas, jugaría a la lotería, o iría al casino a hacer dinero. Hay que dejar de creer que una persona que hace uso de la filosofía (el pensamiento, la escritura) como una persona que se las sabe todas. No hay claves, no hay llaves, tal vez tampoco haya puertas. Hay resistencias y afectaciones. Tal vez haya que ir abriendo bo­quetes sobre la marcha. Ojalá cayéramos en acciones carentes de sentido, pura forma. Tenemos un exceso de búsqueda de sentidos, certezas y contenidos. Y una increíble inquietud persistente frente a la incertidumbre y a la nada que el Imperio se encarga de dotar con sentido para que nada cambie.