Por Amanda Graviola

Brasilia

El último 4 de abril, el Supremo Tribunal Federal brasileño decidió, con una votación apretada -5 a favor y 6 en contra- negar el pedido de habeas corpus al expresidente Luiz Ignacio Lula da Silva.

La orden de detención emitida por el juez Sergio Moro, sólo pocas horas después del fallo del Tribunal Supremo, fue cumplida el 07 de abril de 2018. Durante los dos días anteriores, hasta el momento de su detención, el expresidente estuvo en el simbólico Sindicato de los Metalúrgicos de San Pablo, donde se construyó su trayectoria política. Desde del día del anuncio que Lula no podría gozar de sus derechos fundamentales, la militancia del PT y varios de los más importantes movimientos sociales de Brasil acompañaron al expresidente afuera de la sede del Sindicato.

Los movimientos sociales y las principales fuerzas de izquierda del país convocaron a marchas, actividades y actos en defensa de la democracia. También en repudio a la decisión de condenar a Lula sin pruebas en una nítida embestida política que viene direccionando las tomadas de decisión del judiciario brasileño en los dos últimos años.

A pesar de las movilizaciones y del histórico discurso de Lula, que en parte es la defensa que le fue negada en los tribunales, los medios de comunicación trataron de reforzar la narrativa de que ¨la justicia había sido cumplida¨, es decir, la orden de detención de Lula.

Alrededor de 30 mil personas acompañaron la salida del expresidente a la sede de la Policía Federal en San Pablo. Ellas gritaban y pedían que Lula no se entregara. Aclamado y abrazado por la gente, Lula logró salir de San Pablo con la dignidad de tener el mayor liderazgo político del país en la actualidad, además de ser favorito en las encuestas presidenciales.

La prensa internacional se posicionó de forma preocupada con la detención de Lula y con la destrucción del pacto democrático que garantiza los derechos básicos de la población. Declaraciones de apoyo a Lula y en defensa de la democracia brasileña continúan llegando desde varios movimientos sociales, liderazgos políticos y de Derechos Humanos y de la comunidad artística y internacional.

Desde del golpe palaciego que destituyó a la presidenta electa Dilma Rousseff, el país viene sufriendo importantes ataques contra los derechos sociales y una agresiva política de austeridad. El 14 de marzo, la concejala brasileña Marielle Franco y el conductor de su vehículo, Anderson Pedro Gomes, fueron fusilados por las fuerzas policiales en la provincia de Rio de Janeiro. Rio está bajo una Intervención Federal decretada por el presidente ilegítimo Michel Temer. Marielle era militante por los Derechos Humanos, además de siempre haber denunciado el genocidio del los jóvenes favelados por las fuerzas represivas del Estado.

En Curitiba, el mismo día 07 de abril, a la noche, dónde Lula debía presentarse a la justicia, miles de manifestantes esperaban al expresidente. Lxs manifestantes fueron brutalmente reprimidos por las fuerzas policiales locales con balas de goma y gas lacrimógeno.

Foto: Represión en Curitiba

A pesar de la represión, en el día de hoy, 8 de abril, más de mil personas se encuentran acampando frente a la Policía Federal en Curitiba. La militancia del PT y los movimientos sociales prometen resistencia.