Por Vanessa Dourado

América Latina y sus historias más profundas y sentidas por los cuerpos y por las almas de sus habitantes. Sin dudas este es el tema central en el trabajo del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Las palabras peregrinas de Galeano llevan al lector a un viaje por los detalles culturales y para un interesante despertar de ideas. Las provocaciones articuladas con una fina ironía y duras críticas acerca de la relación socio-política de América Latina con el mundo, son disparadores de reflexiones y cuestionamientos.
Muchas negaciones, rechazos y denuncias están presentes en la literatura del escritor –que hubiera preferido ser jugador de fútbol–. Las características de sus escritos son diversas; la crítica a la iglesia como institución colonizadora, alienante y normalizante; el desprecio por el academicismo y la mirada sensible sobre las condiciones de las mujeres en la sociedad.

Las ilustraciones en las exquisitas páginas de sus libros recatan antepasados, realizando un desprejuiciado culto al misticismo y a la historia de las poblaciones en los territorios denominados América luego de las invasiones.
Leer a Galeano es adentrarse en variados prados y sentir diversos aromas. Su particular estilo de escritura transita entre poesía, relato y periodismo histórico. Sus textos relatan la dura realidad vivida por los pueblos latinoamericanos y la herencia colonial dejada por los invasores de estas tierras, que nunca fueron perdidas. Galeno nos relata las resistencias, alegrías y coros de aquellos que entienden sus territorios como una extensión de sus propios cuerpos.

Los vínculos afectivos están muy presentes en sus textos. Son relatos de personas y las formas en que se afectan, de la simplicidad compleja de sus relaciones corporales; poner en palabras una conversación entre cuerpos siempre resultará insuficiente.

El autor es, sobre todo, un curioso que comparte sus investigaciones y descubrimientos. Esto hace que la lectura de sus libros sea una experiencia única. Leer a Galeano es develar los cajones de su imaginación y de su existencia intelectual en los diversos niveles –el más sensible o un acabado diagnóstico de realidad–. Se tiene la sensación de tener una conversación relaja en un café con un amigo querido, conocer sus experiencias cotidianas y las cosas que lo atraviesan.

A pesar de la difícil tarea escogida –o por la que fue escogido–, el autor consigue no resignarse y transforma cada frase de sus característicos textos en una esperanzadora poesía realista que camina rumbo a la utopía, permitiendo soñar con los ojos abiertos.

Con un vocabulario simple –y no por eso poco articulado– se revela como un cazador de palabras y de historias. Prefiere ser comprendido más que reconocido. Sin embargo, es difícil no reconocer su autenticidad y su impactante forma de hacer que el lector cuestione sus propios paradigmas. Para leer a Galeano es necesario estar preparado para cuestionarse a sí mismo, para deconstruir y reconstruir ideas y para colocarse también como escritor de una historia colectiva, escrita en el ahora.

 

Nota publicada originalmente en la revista portuguesa InComunidade

http://www.incomunidade.com/v57/art.php?art=189