EDITORIAL

La Seguridad Social surgió a partir de la necesidad de asegurar métodos de protección a las personas. Es el año de 1883, en Alemania, se aprobó la primera ley de Seguro Social, un proyecto presentado por el Canciller Otto Von Bismarck. En su inicio, la ley  garantizaba un seguro contra enfermedades y contingencia de la maternidad. En forma posterior en 1884, se adicionó un seguro contra accidentes de trabajo y finalmente en 1889, un seguro por invalidez y vejez.  Estos mecanismos fueron creados en respuesta a la agitación del movimiento obrero que se encontraba abandonado por el Estado lo cual no proveía ninguna norma de previsión social.

Hasta este período, la historia de la Seguridad Social fue marcada por un sistema de asistencialismo, una forma de caridad vinculada a temas religiosos y de libramiento de culpas por parte de las camadas más abastadas de la sociedad como forma de compensar la explotación de las personas trabajadoras. Los beneficios, básicamente de subsistencia, eran conferidos a las personas discapacitadas, ancianas y que presentaban enfermedades que las imposibilitasen trabajar. Estas personas eran nombradas como indigentes e infelices, la gestión del amparo era habitualmente hecha por parroquias y guardaban una mirada condoliente.

Es a partir del constitucionalismo social que los países pasan a incluir la Seguridad Social en sus Constituciones. La primer Constitución que incluye la Seguridad Social es México, el año 1917. El texto defendía que los empresarios eran los responsables por las molestias profesionales y por los accidentes de trabajo, ya que estos eventos eran resultados del ejercicio de la profesión.  Por lo tanto, los patrones debían pagar indemnizaciones a las personas trabajadoras en caso de muerte o discapacidad, aunque temporaria, para el trabajo.

Es importante señalar que los mecanismos de Seguridad Social, a lo largo de la historia, han sido herramientas que visaban propulsar el funcionamiento de la sociedad de forma que esta no esté convulsionada. Por otro lado, es una forma de garantizar que el apetito del capital por lograr más ganancias a costa de  la precarización y explotación extremas de las personas trabajadoras sea equilibrado con garantías mínimas de sobrevivencia.

En los últimos años, hemos visto un avance importante sobre los derechos de las personas trabajadoras. La crisis del capitalismo contemporáneo –un sistema condenado al colapso desde su concepción–  basado en su reestructuración productiva, financiarización del capital y el neoliberalismo influyen en las funciones del Estado y a la vez también de la condición estructural del trabajo.

En los países dichos periféricos, el Estado pasa a responder a las demandas de los organismos financieros internacionales y todo este cambio en la reorganización del capital trajo consecuencias importantes como la profundización de la desigualad, elevación de la concentración de renta, desempleo elevado y  prolongado, precarización laboral y disminución de la renta de las personas trabajadoras.

Las iniciativas de reforma laboral en países como Brasil y Argentina son evidencias de que estamos pasando por un período de consolidación de esta nueva forma de capitalismo que necesita avanzar sobre los derechos adquiridos por la clase trabajadora con el objetivo de sostenerse. La crisis deja de ser un fenómeno cíclico, pasando a ser permanente y sin salida aparente dentro de una lógica de acumulación de capital.

Frente esto, la respuesta del Estado es la imposición de ajustes, cambio de leyes que garantizaban la dignidad de las personas, como es el caso del intento de cambio en la caracterización de lo que sería trabajo análogo a la esclavitud –caso emblemático durante del gobierno ilegitimo de Michel Temer, en Brasil– y las reformas previsionales en Brasil y Argentina, donde se percibe un nítido esfuerzo en avanzar con las alianzas corporativas en detrimento del bienestar de sus poblaciones. Este conjunto de medidas es un retroceso en términos organización de la sociedad a nivel histórico.

La respuesta del conjunto de la sociedad, aún confundida después de todos los cambios políticos en la última década, es debilitada por todo lo que hubo de destrucción en los mecanismos de organización de la clase trabajadora y también por la naturalización de la crisis y las respuestas a ella que trataban de utilizar los mismos métodos de imposición de cambios a partir de una lógica igualmente capitalista. En este escenario de incertidumbre, nosotras desde Virginia Bolten preguntamos: ¿Sirve la lucha institucional cuando las lógicas del poder pasan por arriba de la voluntad de las mayorías?

Fuentes:

NUGENT Ricardo. LA SEGURIDAD SOCIAL: SU HISTORIA Y SUS FUENTES

DA SILVA, Maria Lucia Lopes. Trabalho e previdência no Brasil no contexto da crise do capital.