Por Violeta Peirats

En los últimos días se dio a conocer la noticia de que el legendario músico británico Roger Waters le solicitó a la FIFA (Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol) y a la UEFA (Unión Europea de Asociaciones de Fútbol) que expulsara de sus filas a los equipos de fútbol de Israel, con el objetivo de afianzar la campaña contra el racismo y el apartheid perpetrado por el Estado sionista a la población palestina.

Waters, además de por su historial musical, es conocido por apoyar incansablemente al Movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), organización que solicita el fin de la ocupación israelí y la colonización de los territorios palestinos.

Además, el músico se ha dirigido a los futbolistas de la Premier League para que se sumaran a la campaña de pedido a FIFA y UEFA, aconsejándoles mirar el documental “La ocupación de la mente americana. La guerra de las relaciones públicas de Israel” —narrado por el mismo—.

Pero… ¿por qué Waters apunta al ámbito del fútbol en esta ocasión?

Sabemos que el entorno del fútbol conforma unos de los  mayores entramados económicos y de corrupción, pero a la vez, constituye una de las más importantes manifestaciones populares,  teniendo una gran cobertura y difusión mediática (para más información: Banco israelí Hapoalim facilita la fuga de dinero de empresas de Argentina)

Por otra parte, el desarrollo del fútbol palestino no está exento de las sistemáticas violaciones de derechos humanos llevadas a cabo por el estado de Israel.

¿Cómo afecta el apartheid y la ocupación al fútbol en Palestina?

En primer lugar, muchos equipos de la liga de Israel fueron formados en la Palestina ocupada y, en consecuencia, muchos partidos de esa liga se juegan también en la Palestina ocupada.

A esto se le suma que el estado de ocupación israelí impide un desarrollo libre del fútbol palestino de incontables maneras:

-Deniega permisos para construir estadios para equipos palestinos y demuele instalaciones deportivas.

-Construye estadios israelíes sobre aldeas palestinas arrasadas.

-Dificulta la libertad de movimientos de equipos, jugadores y personal dentro de la Palestina ocupada.

-Retiene las donaciones de materiales que recibe Palestina de otros países, como elementos de infraestructura, pelotas e insumos de todo tipo, para que se pueda entrenar y practicar el fútbol de manera profesional.

-Sistemáticamente dificulta el partido final de la Copa Palestina, que se disputa entre el equipo ganador de la liga de Cisjordania y la de Gaza.

-Deniega los permisos a jugadores, personal y cuerpo técnico para que puedan disputar partidos fuera de Palestina, inclusive —y especialmente— a la propia selección masculina de fútbol. También impide el ingreso de profesionales del fútbol extranjeros.

-Encarcelan, torturan y asesinan a futbolistas palestinos.

Algunos casos, entre otros tantos, valgan para entender esta situación:

-En 2014 Sameh Maraabah  debía volver desde Qatar -donde se encontraba con la selección masculina- a Palestina para jugar con su equipo y lo arrestaron en la frontera —ocasión en la que estuvo encarcelado por 8 meses—. En 2015, de camino Australia para jugar la Copa de Asia lo detuvieron nuevamente en la frontera con Jordania. Posteriormente, ese mismo año, intentaron detenerlo una vez más yendo a jugar la clasificación para el Mundial. En ese momento sus compañeros hicieron una sentada en señal de protesta, tuvo que intervenir la FIFA y finalmente las fuerzas de ocupación debieron dejarlo cruzar la frontera.

-En 2017, Husam Karakre de 16 años, jugador del Al Bireh, fue arrestado en su casa y estuvo 17 meses encarcelado.

-En 2009 Mahmoud Sarsak, integrante de la selección masculina, fue encarcelado y torturado durante 3 años. Imposibilitado de seguir practicando el deporte terminó vendiendo falafel en Londres con estatus de refugiado.

-En 2020 arrestaron al arquero de la selección, Naim Abu Akr, después de que las fuerzas de ocupación irrumpieran en su casa en el campamento de refugiados de Dhesha, en la Belén ocupada.

-En 2014, soldados israelíes dispararon indiscriminadamente y sin aviso a las piernas de los futbolistas palestinos Jawhar Nasser Jawhar, de 19 años, y Adam Abd al-Raouf Halabiya, de 17, quienes volvían de un entrenamiento en el estadio Faisal al-Husseini. Ninguno de los dos pudo volver a jugar.

-En la ofensiva israelí de 2014 sobre Gaza asesinaron con un misil a uno de sus mejores jugadores, Ahed Zaqout.

-En 2018, el jugador del Al-Salah FC (Gaza), Mohammed Khalil, fue baleado por francotiradores mientras estaba participando de la Gran Marcha del Retorno. Le volaron literalmente la rodilla, lo que impidió que pudiera continuar con su carrera como futbolista.

La limpieza étnica y la política de generación de discapacidad son tan graves que hasta se llegó a conformar en Gaza la PAFA (Palestine Amputee Football Association). Esta asociación nuclea a palestinos con discapacidad provocada por bombardeos y francotiradores, buscando su rehabilitación y reinserción en la comunidad a través de la práctica del fútbol.

Como hemos visto, jugar al fútbol en Palestina o pretender convertirlo en una carrera no es nada fácil, padeciéndose un hostigamiento contante. Tal es así que la Liga de Cisjordania recién pudo profesionalizarse  en 2010 y la de Gaza aún sigue siendo amateur.

El fútbol en Palestina cuenta con muy bajo presupuesto y está lejos del fútbol negocio que estamos acostumbradxs a ver en otros países, inyectado de dinero proveniente la especulación inmobiliaria y financiera, de la venta de armas y del narcotráfico, y donde la manipulación y la trata de menores, está a la orden del día, entre otras cosas.

Los futbolistas en Palestina, en la mayoría de los casos, deben tener otros trabajos para mantenerse y paralelamente también suelen continuar con sus estudios.

Todo lo expuesto permite entender las razones por las que las fuerzas de ocupación israelíes tienen un encono especial con la selección masculina de fútbol palestina, ya que es vista  como un enemigo que posibilita la difusión hacia el exterior de la causa palestina y de los valores palestinos a través del deporte.

Con este resumen hemos querido mostrar las causas por las que es legítimo boicotear a los equipos israelíes. Otra cuestión que nos puede ayudar a pensar en este sentido es la siguiente: ¿por qué Waters —como también lo ha hecho la Asociación Palestina de Fútbol en reiteradas ocasiones— tiene que hacer este pedido a la UEFA y no a la AFC (Confederación Asiática de Fútbol)? La pregunta tiene una sola respuesta y se llama ocupación.

Como vimos, el fútbol es un ámbito más donde se padecen las políticas de apartheid y limpieza étnica que lleva adelante el Estado de Israel contra la población palestina y, al mismo tiempo, constituye otro caso más de complicidad de las organizaciones internacionales que discursivamente abogan por la paz, la igualdad, la no discriminación y el Juego Limpio, pero en la práctica continúan aceptando en sus filas entes que perpetran la masacre y el extermino de los pueblos.