SAPUCAÍ

Sapucaí las bocas más rebeldes un su encuentro
en calles miles,
Capitanes de Arena,
sin piernas
la muerte anuncia
el renacimiento.

Sapucaí los brazos de más abrazos y el viento
en caras miles,
romper cadenas,
en fiesta
el cuerpo resucita
el aliento.

Sapucaí los dolores de “ays” sin el otro
en lamentos miles,
la lágrima serena,
retinas secas,
llenan la lucha
de puro tormento.

Sapucaí,
allá,
allí.
Sapucaí para revivir
el  mundo-lobo
y nunca morir.

Sa pu caí
eternidad
de un uno constante
de lugar distante
de luto y instante
una se cae para seguir.

Vanessa Dourado

 

Ay nadie

Corriendo tras de nadie
con la carga expuesta de la ficción,
ay en el atisbo
un encierro de dolor,
las preguntas malogradas
y las respuestas afirmadas.
Ay un ojo entrecerrado
durante la penumbra de quien espera,
ay calma en la velocidad
de no permitirse el tiempo del lamento.
Ay lo que se es, ay lo que se quiere,
también ay que sociabilizar.
Ay que asistir
a los tormentos creados
por los deseos de todes
y sentir.

Ay que ser.
Ay que estar y participar.
Ay que tener una voz y concurrir.
Dejar de hacer alianzas estratégicas
para conversar con ella
sabiendo que es lo único auténtico
que tendremos.
La lamentación de la existencia
siendo parte de los engranajes
de crear una humanidad
de odio, exclusiva
de quien ay en ella.

Ay libertad de ser,
ay dolor en lo que hacemos.

GR