Por Salaís D´Medusa

Maria es una mujer común. Una madre sola, trabajadora que sustenta y cuida a su hijo de un año y medio  con la ayuda de una amiga con quien comparte un departamento. Maria tiene toda la energía de una joven de 25 años que, además de independiente, también carga la responsabilidad por su elección de procrear y bancarla sola.

Alanis es una película incómoda, es una invitación al mundo de una trabajadora sexual, de una madre-puta, de una mujer denunciada por sus “malas prácticas” a los ojos de la sociedad. Sin el glamour de las calles de Hollywood y sin la sumisión forzada de un proxeneta. Tal vez por esto, mucho más incómoda.

Las escenas que invitan a pasar tres días con Alanis, llevan a sentir el drama vivido por una mujer que no puede tener tranquilidad porque sus elecciones “violentan” a la moral ajena.  La casa inspeccionada e invadida; su rol de madre cuestionado; sus bienes confiscados sin motivo;sus cláusulas de trabajo no respetadas; la prisión de la amiga –acusada sin pruebas por explotación sexual-; el desalojo de la casa dónde viven; la perversidad del propietario del departamento que no permite la retirada de sus cosas de la casa dónde prolijamente se pagaba el alquiler,  problematizan la forma con la cual la reproducción de las reglas morales pasaa ser un código de conducta compulsorio con consecuencias en su vida concreta. Se pregunta si la vida de una es realmente propia.

Sin embargo, no hay sufrimiento por el hecho de ser una trabajadora sexual. Trabajo que Alanis hace de forma profesional y comprometida. El sufrimiento de Alanis está puesto en la imposibilidad de tener tranquilidad, más allá de las complicaciones que existen en cualquier actividad laboral. En su imposibilidad de trabajar y criar a su hijo por las intervenciones policiales, tanto del Estado como de la sociedad. Por su imposibilidad de ser ella misma.

El prohibicionismo punitivista es la clave central del drama que quiere hacer de Alanis una mujer sin dignidad. La escena que muestra Maria limpiando un inodoro seguida de la frase “si todo va bien, te prometo un trabajo en blanco” por parte de la patrona dueña de la casa que le ofreció brindar servicios de limpieza insulta a Alanis –acostumbrada a poner sus propias reglas laborales. No le parece digno.

El ideario de “buena madre” impuesto por la tía,  que le ofrece abrigo cuando su departamento es clausurado, intenta imponer un comportamiento adecuado a la mujer que usa sus tetas para alimentar al hijo y que también las dispone para el placer de otros es un insulto a Maria y a Alanis. No les parece lógico.

La película dirigida por Anahí Berneri ganó el premio Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de Donostiacomo mejor directora. Esta es la primera vez que una mujer de habla hispana gana el premio. Sofía Gala –protagonista de Alanis– ganó el premio de mejor actriz y causó polémica en los medios por actuar con su propio hijo, Dante Della Paolera, en la película y también por sus declaraciones sobre el trabajo sexual como elección: “prefiero ser puta antes que moza”, dijo la actriz sobre los rechazos a los afiches de la obra.

A pesar de las polémicas alrededor de la producción, la película esta puesta en la escena mainstream y las críticas desde distintos medios también son una invitación a la reflexión sobre el status quo, sobre todo acerca de la casi indistinta crítica al trabajo sexual como elección hecha por sectores de la sociedad que, en teoría, estarían en lados opuestos sobre la ruptura con el estado normativo del sistema vigente. Es decir, el feminismo punitivo-prohibicionista asemejándose  al conservadorismo normalizador.